Blog de Tres - Punto de encuentro de tres mentes
(JaVa)

Drama, drama, drama

Resultó ser que para aquél individuo que consideraba mi amigo “de verdad”, no soy nada más que Drama, Drama, Drama…

Si, soy DRAMA porque me doy cuenta cuando está equivocado y se lo digo de frente.

Si, soy DRAMA porque espero ser el primero en darme cuenta de los eventos trascendentes.

Si, soy DRAMA porque no tengo más amigos que aquellos por los que opté cuando decidí cerrar mis círculos por convicción y no por conveniencia.

Si, soy DRAMA porque me importa… porque tengo expectativas y porque creo que soy tan importante para ellos en sus vidas como lo son en la mía.

Si, soy DRAMA porque no aprendí otra manera sino la visceral!!! la que me guía por lo que siento y no por lo que debo aparentar…

Y si, me sostengo… me sostengo en todo lo que he dicho porque a esta altura de mi vida, con lo que llevo recorrido me he dado cuenta que lo que se dice SOLO VALE CUANDO SE DICE CON HONESTIDAD… CUANDO SALE DEL CORAZÓN…

Y, así hablo yo… con fuerza… sin cautela, sin cuidado… con honestidad… porque aprendí que la diplomacia solo sirve de 9:00 a.m. a 5:00 p.m. POR TANTO… LA DIPLOMACIA FUERA DEL TRABAJO SE LLAMA HIPOCRESÍA!!!

Y con mis amigos, prefiero ser cualquier cosa menos hipócrita…

Con mis amigos, prefiero decir la verdad aunque duela… con mis amigos prefiero creer que me quieren tanto como yo a ellos. Con mis amigos prefiero la verdad a fingir con indiferencia pretenciosa.

Y lo lamento si mi DRAMA se llama preocupación, si se llama honestidad, si se llama sarcasmo, si se llama falta de delicadeza. Lo lamento, pues mi drama no es mas que un reflejo de lo que soy y me hace no uno más, sino otro un poco más complejo.

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Fecha: agosto 18th, 2011
Categorías: Vida diaria
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(JaVa)

Sintiendo con todo el cuerpo…

Créditos por definir

Desde hace algunos días quería escribir sobre un fragmento de canción que, en su simplicidad, me parece sencillamente magistral y encantadoramente diciente.

Pocas veces había encontrado una composición en la que, jugando con partes del cuerpo, se dejara tan claro el mensaje que los sentimientos dependen en gran medida por lo que llega a través de los sentidos…

Y dice la canción, vulgarmente traducida:

Dejé caer mi corazón y mientras caía, te levantaste a recorgelo.

Era oscuro y estaba acabado, hasta que besaste mis labios y me salvaste.

Mis manos eran fuertes pero mis rodillas eran demasiado débiles para pararme entre tus brazos, sin caer a tus pies…

Y es que cuando se ama, se hace con todas las partes del cuerpo. Sin distinción alguna, cada órgano se involucra, se afecta… se deja llevar. Pero pasa de la misma manera cuando no se trata de amor sino de deseo. Al igual que en el amor, la vista se nubla, el gusto se activa, el tacto se enciende, el oído se abre, el olfato se desarrolla… las manos se enloquecen por cada centimetro de piel, los pies se elevan, la espalda se hace interminable.

Si, al igual que en la lujuria, el amor involucra toda la humanidad. Toda, excepto el órgano aquél… el corazón (o la parte que sea que lo maneje en el cerebro)… Esa es la diferencia. Sutil en su tamaño, dramática en su contenido.

Y así me siento hoy… con todo involucrado, menos con el corazón. Será que, según mi entrada anterior, ¿le di mucho vuelo a la paz interior y al poco involucramiento?

 

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Fecha: agosto 17th, 2011
Categorías: Vida diaria
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(@judapi)

Lesson Learned!

LessonLearned

Yes I was burned but I called it a lesson learned
Mistake overturned so I call it a lesson learned
My soul has returned so I call it a lesson learned
Another lesson learned.

(Fragmento de la canción Lesson Learned por Alicia Keys)

Definitivamente las ex parejas son personas que llegaron para quedarse, la mayoría de las veces no en el lado de corazón que ama sino en el lado del mismo que recuerda y guarda todas las experiencias aprendidas.Y es que a la final todas esas lecciones que nos dejan son lo verdaderamente valioso de las relaciones pasadas.

No hay necesidad de atesorar los momentos bonitos, porque ellos pueden funcionar como ancla que nos detienen o entorpecen el avance de nuevas relaciones, además que nos llenan de prejuicios y que nos llevan a realizar comparaciones que no tienen cabida a la hora de embarcarse con alguien nuevo.

No hay tampoco necesidad de Tatuar en nuestras frentes los errores cometidos ni el dolor que causaron, esos dos lo único que hacen es envenenarnos y congelarnos el amor, desvaneciendo ese sabor dulce que lo caracteriza y restringiendo el sano fluir a la hora de decidir entregarlo a alguien más.

Pero de lo que si hay una gran necesidad es de identificar y rescatar las lecciones aprendidas durante todo el transcurso de una relación. Algo que yo siempre he dicho es que si esas personas lograron llegar dentro del corazón, es porque algo “bueno” deben tener o algo “bueno” deben saber hacer, y si se aparecieron en nuestras vidas es porque teníamos que ver ese algo bueno, o debíamos aprender a hacer esa cosa buena que tan bien sabían hacer.

Es por lo anterior que decidí hacer, a manera de compendio, una lista de las cosas que he aprendido de esas personas que pusieron su firma en Judapi.

Me enseñaron a…

…Vestirme: Bueno tal vez suena un poco pretensioso y extremista, y sin animo de quitarle crédito a mi sentido del estilo innato, una o dos de esas personas que han pasado por mi vida me han dejado sus tips de lo que significa llevar una prenda con clase o me han mostrado con ejemplos las malas prácticas a la hora de armar estilismos.

…Expresarme: como dicen por ahí “El pez muere por la boca” y si el pez está en una relación, la boca sera algo que seguramente tendrá que cuidar demasiado, porque en casos de emergencia cualquier palabra podría ser, y si las circunstancias lo hacen necesario, será utilizado en su contra. Así que he aprendido a cuidar las palabras que digo y a medir las cosas que prometo.

… Ponerle más cuidado a mis “amigos”: siempre podría haber a mi al rededor un personaje que valiéndose del título de “Amigo” pretenda que comparta mi plato, obvio sin nosotros darnos cuenta, y cuando menos lo piensa uno TENGA!! que el plato se deja pegar el mordisco y uno sano.

… Leer entre líneas: si hay algo de lo que trato de estar siempre pendientes es de los comentarios más insignificantes, las expresiones que cambian, los hábitos que dejan de ser hábitos, éstos casi siempre se convierten en elementos que me dan las pistas suficientes para determinar que está pasando bajo la superficie de la relación. Esos detalles pueden funcionar como llamado a ponerme alerta ante inminentes crisis o en el peor de los casos prevenirme sobre un rompimiento fugaz y unilateral de la relación.

Conocer mis verdaderos amigos: y es que siempre después de que una relación termina acudo a esos amigos que a pesar de haber sido relegados casi al olvido aun están ahí,  esos que no les importó que uno hubiese preferido estar de arrunchis un fin de semana en vez de acompañarlos de compras, esos a los que uno les hizo el feo cuando nos invitaron a comer porque tenían algo importante que contarnos, esos son los verdaderos amigos, que me ayudarán a ver las cosas claramente y a entender todo el caos que una relación terminal ocasiona en mi cabeza.

… Entender que todavía me falta mucho por aprender: las relaciones parecen ser aprendizaje de nunca acabar, cada que termino una, quedo con dudas e incertidumbres que espero con ansias poder descubrir en mi próximo intento.

Por ahora no se me vienen a la cabeza mas cosas que haya aprendido de mis ex-parejas, y contando con que hasta de los malos profes se aprende algo, creo que he tenido grandes profes.

para terminar les dejo esta frase.

si quieres quedarte en la cabeza de una persona, Hazle tanto daño como para que te odie, o obligala a que te ame, en cualquiera de los casos te convertirás en un ser imposible de olvidar

Y ustedes que tanto han aprendido???

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Fecha: agosto 8th, 2011
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(JaVa)

El Rompecabezas

Los aportes sabios llegan de donde menos se esperan. El caso de hoy no es la excepción: en medio de una semana destinada a la reflexión sobre la postura exagerada y deseperada con la que estoy enfrentando la “soledad” (léase falta de cónyuge, pareja o similar), la persona más desconocida mencionó las dos piezas que le faltan a mi interminable rompecabezas emocional.

La primera pieza, no tiene forma, es casi efímera y difìcilmente se puede llegar a tocar pero sin su presencia el rompecabezas nunca está completo. Dicha pieza se llama paz interior. Y es que, ¿cómo puede alguien acoger a otra persona, si espiritualmente se encuentra en medio de un caos?… Creo que existen miles de libros y tratados sobre la paz interior, pero en mi caso, simplemente consiste en que por fin entienda que no es un problema estar sólo, sino que el problema radica en estar permanentemente a la espera de dejar de estarlo. La soledad construye, interioriza, fortalece y madura.

Cuando alcance la paz interior, tendré el rompecabezas casi listo. Cuando alcance la paz interior disfrutaré en vez de lamentar mi falta de acompañamiento emocional.

La última pieza, se llama involucramiento. Lo característico de esta pieza, es que no hay que colocarla en el rompecabezas; es decir, el involucramiento es un pieza que debe ponerse a un lado ya que si se incluye en la misma mesa puede llegar a estropear la imágen por completo.

¿Qué estoy diciendo?

Es fácil, el involucramiento es ese afán desesperado por bautizar las relaciones, por oficiarlizarlas, por cambiarles el estado… por exhibirlas. Creo que la pequeña pieza significa construir vínculos y no prediseñarlos. Las relaciones son a fin de cuentas un lienzo en blanco… se va llenando de colores si se quiere convertir en arte. Si, al contrario, se estampa con un diseño preestablecido deja de ser arte… se convierte en basura de producción masiva, una imágen más.

Ahora las piezas tienen nombre… ahora hay que encontrarlas para que dejen de ser faltantes. Que no se me olviden… paz interior e involucramiento.

 

 

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Fecha: agosto 7th, 2011
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(JaVa)

Circunstanciales y Verdaderos

Los tres

Un buen amigo dice que tiene un grupo de amigos llamados “circunstanciales”; es decir, un grupo de amigos que se encuentran a su alrededor por motivos pasajeros y que por ende, más temprano que tarde, empacan sus maletas y difícilmente vuelven por nuestro camino.

Los amigos circunstanciales son los que se quedan en el colegio, en la universidad, en las empresas donde trabajamos o en los lugares por los que estuvimos de paso. Sobre esta categoría se puede decir mucho… pero hoy quiero hacer mi nota sobre el grupo antónimo: los amigos verdaderos.

El amigo verdadero, creo yo, nace de la misma manera que un amigo circunstancial y, de hecho, no existen diferencias abismales en el trato que se le da al uno o al otro. Eso sí, podría decir que en la ficha técnica de los amigos verdaderos se encuentran las diferencias relevantes que los alejan de los amigos circunstanciales. Esta oportunidad, quiero dejar por escrito las características que hacen de mis amigos verdaderos no un evento pasajero en mi vida sino una asignación vitalicia de mayor cuantía.

Mis amigos verdaderos fueron alguna vez circunstanciales: sólo el tiempo se ha encargado de adherirlos a lo que hago, lo que pienso y lo que planeo.

Mis amigos verdaderos son mis fans: me siguen, saben dónde estoy y cuándo llego.

Mis amigos veraderos me odian: saben perfectamente qué tan intransigente, obstinado y egoista puedo llegar a ser.

Mis amigos verdaderos perdieron la noción del tiempo: creen que fue ayer cuando nos encontramos en un centro comercial o cuando solíamos detestarnos o ignorarnos cuando estábamos en la universidad.

Mis amigos verdaderos tambien perdieron la noción del espacio, y es ahí cuando me di cuenta que no son circunstanciales. Nunca estamos lejos, simplemente a veces no logramos que nuestras humanidades estén cerca.

Mis amigos verdaderos saben que lo son, porque a pesar de los disgustos, las diferencias, las distancias, la falta de tiempo, los defectos y demás, cada vez que nos vemos les toma solo un nanosegundo devolverse a la calurosa tarde en aquel parqueadero donde, sin saberlo, decidimos convertir la circunstancia en un lazo verdadero.

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Fecha: julio 27th, 2011
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(JaVa)

Si, acepto… ¿o no?

Yes I do!

Cuando desperté esta mañana sabía que iba a ser un gran día. Tenía la certeza que los inconvenientes logísticos de mi futuro matrimonio en Bélgica desaparecerían y eso reducía mi problema a su mínima expresión: conseguir mi próximo cónyuge.

Esta mañana tenía la certeza de que la Corte Constitucional en Colombia me iba a permitir casarme, legalizar mi futura relación conyugal ante el siempre justo y vanguardista Estado Colombiano. Tenía la firme convicción que el librito lleno de artículos que nunca he leído (porque me parece un poco complicado) iba a ser levemente modificado para permitir mi matrimonio. Y es que cualquier cosa que diga la Constitución, para mi, es casi como lo que diga la Biblia: la tengo en mi casa, la desconozco, y a mi pesar, muchos la defienden pero pocos saben que está plagada de cuentos de hadas para explicar lo que en realidad casi es inexplicable.

Definí el color de mi traje, la Notaría en Chapinero y los testigos. Tenía la plena seguridad que podía enviar a imprimir las invitaciones, contratar el buffet e iniciar el proceso de adopción de un huerfanito del Guainía (que es lo más cercano a una criatura camboyana, como Dios y la ley manda a los homosexuales de tradición).

Escribí los votos mientras esperaba con angustia la hora del almuerzo:

“Sr. X (porque les recuerdo que no tengo aún con quien casarme, pero ese detalle es menor), te acepto a ti y prometo serte infiel en las fiestas y en los parades,en la belleza y la riqueza, y así, fingir amarte y respetarte por algunos meses de mi vida!”

Al caer la noche, contaba con la terna de candidatos para desposarme… sabía que todo estaba listo…

Y si, así fue, todo estaba listo.

Todo estaba listo para mantener vivos los estigmas, para mantener los ojos cerrados ante las distintas alternativas en las que ha mutado el inocente imaginario de familia en la que solo un hombre y una mujer pueden sostener la unidad fundamental de la sociedad.

Todo estaba listo para ratificar que Colombia es un país donde la homofobia camina por las calles, donde el puritanismo se disfraza entre omisiones legislativas y temor para entender que las minorías homosexuales, ya no lo son tanto.

Lleno de indignación, recordé a mis amigas Ángela y Vanessa, quienes hace unos meses se casaron en Argentina y, a pesar de haber convivido por un par de años, no les funcionó lo del matrimonio y se separaron.

Así que volvió mi orgullo Colombiano y mi satisfacción con la Constitución. Me acaban de ahorrar dos problemas hasta el 2013: Ya no tengo que preocuparme por encontrar con quien casarme y tampoco tengo que cuidarme de imponer a mis relaciones la pócima perfecta para destruirlas: oficializarlas mediante el tan respetado Matrimonio Civil.

Si, acepto!

 

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Fecha: julio 26th, 2011
Categorías: Vida diaria
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(JaVa)

VA TODO AL GANADOR

A veces se gana y a veces se pierde. Aunque creo que cuando se trata del amor y sus ligas, en mi caso, rara vez se gana.

 

 

Reconocer la pérdida es una virtud del jugador. Pocos tienen la capacidad de retirarse del campo sin patalear, sin perder la dignidad, sin reclamar, sin acusar al árbitro o a los espectadores. Pocos tienen la capacidad de dejar a la persona que perdieron cuando esta encontró con quien reiniciar su vida. Pocos tienen la capacidad de evitar encontrar canciones y dedicarlas, de llamar y dejar mensajes… pocos, o al menos yo, no puedo.

Tal vez se trate de no perder la cara, la dignididad, el ego o como se quiera llamar. Perder significa que alguien más pudo hacer aquello que encontramos complicado y en ello radica la dificultad para aceptar la derrota. Perder en el amor siempre viene acompañado con la sombra de la persona que se gana el trofeo, es decir, el “nuevo alguien”.

Como dice la canción: “va todo al ganador… al que jugó mejor”, va todo al que si entendió, al que se sacrificó, al que si apostó, al que no se equivocó… va todo al que supo querer.

Como dice la canción: “me toca a mi perder… qué le voy hacer”. Igual, para perder también se hace mérito. La derrota es consecuencia del error… la derrota es causa del aprendizaje indeleble.

Como dice la canción: “Ya no quiero hablar… ya se dijo todo”. Aunque ya todo sea historia, esperaría que quien ganó en esta historia lea el epitafio de lo que nunca fue, pero que para mi, aun permanece vivo.

 

 

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Fecha: julio 25th, 2011
Categorías: Vida diaria
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(@judapi)

Mi propio 20 de Julio

Independiente

Una de las cosas más grandes que me han pasado, o más bien, que he hecho este 2011 es haber vivido MI PROPIO 20 DE JULIO, aunque un poco adelantado, contando con que todo pasó un 15 de enero. Tal vez eso de 20 de Julio  suene terrorífico, suene a sangre, muerte y pelea, pero naaaada, hago alusión a dicha fecha solamente por una de las palabras que ésta evoca “INDEPENDENCIA”.

Y es que ese día, el 15 de Enero, Leer más »

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Fecha: julio 20th, 2011
Categorías: Diseño, Vida diaria
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(JaVa)

Don’t Ask, Don’t Pray!

Yo no soy un activista de la causa homosexual y tampoco pretendo serlo. Por otro lado, nací en un hogar católico donde me bautizaron y con gran dificultad me lograron sobornar con ciertos beneficios para hacer la primera comunión cuando ya estaba muy cerca de la adolescencia y había incumplido con mucho fervor algunos de los diez mandamientos. Una cosa sumada a la otra me dejan en una posición cómoda, en la que sin duda, de católico me quedan solamente las fotos de los “sagrados sacramentos” que alcancé a completar.

Consecuentemente, dada mi condición, el sacramento del matrimonio lo tengo rotundamente prohibido. Aunque me preocupa más que en este momento no tenga con quien casarme, no puedo evitar sentir repuganante la entrevista realizada por José Alberto Mojica Patiño de El Tiempo a Monseñor Rubén Salazar. Detesto del entrevistado la dualidad de sus parámetros, la falsa tolerancia de sus palabras y lo más grave, el rechazo abierto a los homosexuales católicos que deciden ser parte del clérigo. Nisiquera el US Army con su “Don’t Ask, Don’t tell” me parece tan primitivo como la iglesia o este personaje que infortunadamente la representa.

Tengo un gran respeto por la iglesia como institución. La admiro porque es una empresa próspera, gerenciada con visión de largo plazo, sin tacañería cuando tiene que construir sucursales y porque nisiquiera Microsoft o Apple gozan de un Headquarter como San Pietro en el Vaticano. La respeto porque gústele a quien le guste, la iglesia católica hace parte de la historia occidental desde el Imperio Romano y como empresa genera utilidades desde el medioevo. Lo lamento, pero la Iglesia es digna de admirar. Lo que no soporto son los monaguillos de alto rango que salen a dar declaraciones en nombre de todos los clientes de tan próspera compañía. No lo tolero, si fuera Benedicto XVI los despediría a todos y los reemplazaría asegurándome que todos fueran homosexuales. Es más, me encargaría personalmente de lograr que una de cada tres monjas fuera lesbiana.

Cito con mucha lástima las preguntas que levantaron mi ira.

Hablando de homosexualidad, ¿cómo se maneja el tema de los sacerdotes homosexuales?

Hoy lo tenemos más claro que nunca, precisamente a raíz de las dificultades que hemos vivido en los últimos años: un homosexual que no sólo tiene tendencia homosexual sino que lleva una vida homosexual activa no es apto para el ministerio sacerdotal. Por lo tanto, si en un seminario se detecta que uno de los seminaristas es homosexual, indudablemente se le pide que abandone el proceso de formación para llegar a ser sacerdote.

¿Los expulsan?

Cuando se corrobora que hay un seminarista homosexual (es orden vaticana hacer un filtro riguroso a través de un seguimiento a la conducta de cada seminarista), indudablemente se le dice: por favor, retírate que este no es tu camino.

¿Y qué pasa, entonces, con homosexuales que son sacerdotes?

¿Qué hacer con los sacerdotes homosexuales, que los hay? Si ese sacerdote es capaz de vivir en castidad y, a pesar de sus tendencias sexuales se mantiene casto, sin relaciones sexuales homosexuales, no va a haber ningún problema. El problema es cuando empieza a tener una vida activa homosexual; en ese momento, el obispo debe llamarlo y decirle que si no quiere renunciar a esa vida, se retire del ejercicio sacerdotal. Por el contrario, si quiere ayuda psicológica, psiquiátrica o espiritual para superar esa problemática, de tal manera que pueda llegar a vivir castamente pese a sus tendencias homosexuales, se le ofrece toda la ayuda que sea necesaria.

Entonces, ¿no hay problema si ese sacerdote homosexual tiene una buena conducta?

No, si lleva una vida recta, casta, de entrega absoluta. Pero si eso se detecta desde el seminario, ahí cambian las cosas. Ahí estamos en la obligación de decirle: retírate, este no es tu camino. Lo mismo vale para el heterosexual. Si un sacerdote está enredado con mujeres o si se atreve a fundar un hogar con una mujer permanente y unos hijos, lo mismo: no puede ejercer el ministerio. Y el obispo está en la obligación de prohibirle que ejerza el ministerio.

¿Por qué un homosexual no puede ser sacerdote?

La respuesta es muy clara. El ministerio sacerdotal, como se ejerce en este momento en la Iglesia Católica, a partir de los textos del Evangelio, exige el celibato, y el celibato es intrínsecamente la opción por orientar la totalidad de su amor y dedicación al servicio de Dios; es una entrega similar al matrimonio. La relación de un presbítero con la Iglesia es como una relación matrimonial. Entonces, no tiene sentido que una persona que está ejerciendo el ministerio, al mismo tiempo tenga una vida desordenada desde el punto de vista sexual.

¿Son muchos los sacerdotes homosexuales?

El porcentaje del clero homosexual es muy difícil de precisar. Uno no va preguntándole a cada uno cuál es su tendencia sexual. Nosotros conocemos las cosas por los escándalos o las posibles denuncias que se encuentren en un caso o en el otro; en realidad, considerando la totalidad del presbiterio, son casos muy escasos y aislados. No se puede decir que dentro del clero hay multitud de homosexuales.

Tomado de El Tiempo
JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Redactor de EL TIEMPO

 

Creo que a esta entrevista le quedaron pendientes unas preguntas, así que decidi formularlas y quedo a la espera de conseguir las respuestas:

Apreciado Monseñor, usted que viste sus baticas negras tan masculinas, ¿Dónde queda el respeto a la vocación de un hombre que es homosexual?

Apreciado Monseñor, usted que se engalana con tan bellas joyas: crucifijos, rosarios, escapularios y demás dignos de Lady Gaga ¿Podría contestarme si la vida sexual activa de un homosexual es diferente a la de un heterosexual?

Apreciado Monseñor, usted que canta tan afinadito con una voz tan recia y masculina a los ángeles en las liturgias ¿No le gustaría hacer un estudio estadístico sobre la cantidad de homosexuales en su nómina eclesiástica? Creo que para su sorpresa, se daría cuenta que la iglesia alberga más homosexuales que incluso aquellos seminaristas inocentes que cometen el error de salir del closet en los seminarios y que ustedes se encargan expulsar elegantemente de sus instituciones.

Para mi gusto, lo que siento escondido entre líneas es que dentro del plan de negocios de la siempre próspera Iglesia Católica se está incluyendo un segmento de mercado específico para atender el mercado gay pero están disimulando para que los judíos o los musulmanes no se adelanten. Me pregunto que se cantará y cómo se vestirán los sacerdotes en el futuro cuando en las liturgias finalmente se decidan a celebrar sin reparo los matrimonios del mismo sexo.


Yo no soy un activista de la causa homosexual y tampoco pretendo serlo. Por otro lado, nací en un hogar católico donde me bautizaron y con gran dificultad me lograron sobornar con ciertos beneficios para hacer la primera comunión ad portas de la adolescencia, cuando ya había incumplido con mucho fervor algunos de los diez mandamientos. Una cosa sumada a la otra me dejan en una posición cómoda en la que, sin duda, de católico me quedan solamente las fotos de los “sagrados sacramentos” que alcancé a completar. 

Consecuentemente, dada mi condición, el sacramento del matrimonio lo tengo rotundamente prohibido. Aunque me preocupa más que en este momento no tenga con quien casarme, no puedo evitar sentir repuganante la entrevista realizada por José Alberto Mojica Patiño de El Tiempo a Monseñor Rubén Salazar. Detesto del entrevistado la dualidad de sus parámetros, la falsa tolerancia de sus palabras y lo más grave, el rechazo abierto a los homosexuales católicos que deciden ser parte del clérigo. Nisiquera el US Army con su “Don’t Ask, Don’t tell” me parece tan primitivo como la iglesia o este personaje que infortunadamente la representa.

Tengo un gran respeto por la iglesia como institución. La admiro porque es una empresa próspera, gerenciada con visión de largo plazo, sin tacañería cuando tiene que construir sucursales y porque nisiquiera Microsoft o Apple gozan de un Headquarter como San Pietro en el Vaticano. La respeto porque gústele a quien le guste, la iglesia católica hace parte de la historia occidental desde el Imperio Romano y como empresa genera utilidades desde el medioevo. Lo lamento, pero la Iglesia es digna de admirar. Lo que no soporto son los monaguillos de alto rango que salen a dar declaraciones en nombre de todos los clientes de tan próspera compañía. No lo tolero, si fuera Benedicto XVI los despediría a todos y los reemplazaría asegurándome que todos fueran homosexuales. Es más, me encargaría personalmente de lograr que una de cada tres monjas fuera lesbiana.

Cito con mucha lástima las preguntas que levantaron mi ira.

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Fecha: julio 13th, 2011
Categorías: Vida diaria
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(JaVa)

Schwules Museum – El Símbolo Ignorado

 

Por donde quiera que usted camine o dirija su mirada, sin necesitar mucha suerte, encontrará símbolos. Los semáforos utilizan la luz roja para detener los vehículos y la luz verde para darles paso, la amarilla no a todos nos importa. Las naciones utilizan sus banderas y sus escudos. Incluso valores tan abstractos como la paz tienen a falta de uno, un par de símbolos que la representan, pero que, a final de cuentas, poco expresan cuando se abusa de su uso en situaciones de guerra.

Por su parte, la comunidad homosexual tambien tiene sus símbolos: la afamada bandera multicolor y cualquier himno del pop interpretado por la diva de la década. Así como la luz amarilla del semáforo, a pocos les importa el que debería ser el emblema de la cultura gay: su museo.

Cuando llegué a Berlin, una semana después del “día del orgullo”, sabía que tenía que encontrar algo que me hiciera sentir que estaba en una de las ciudadades donde ser gay significa más que ser parte de una minoría. Justo ahí, recordé que Berlin hospeda en una de sus calles al símbolo ignorado de la cultura gay: no es ninguno de los osos que adornan la ciudad, sino el Schwules Museum o menos desconocido como el museo gay de Berlín.

Así que al igual que Judapi en su aventura con el Maestro Rayo, me di a la tarea de compartir con los lectores de Blogdetres las impresiones que me dejó el museo. En primer lugar, para mi sorpresa, me di cuenta que el museo refleja el ocultismo y el disimulo con el que cualquier gay se enfrenta o se ha enfrentado a su realidad. Cuando llegué al sitio, pasé de largo porque sencillamente no es un sitio notorio o vistoso. Tal vez, el propósito es crear una atmósfera de intimidad y sectarismo que protege al visitante en una ciudad donde las cicatrices de la guerra se sienten todavía abiertas y donde los homosexuales, al igual que los judíos, pagaron la cuota de la irracionalidad y el fervor nacionalista de una potencia desorientada por un discurso agitador en una época de ánimos revueltos y necesidad desesperada de atención por parte del pueblo.

Con paredes rústicas y pisos viejos de madera, el museo parece un sitio prohibido y subterráneo. Al mismo tiempo, posee una personalidad rebelde y descarada que recibe al visitante con posters de la escena gay berlinesa. El museo es modesto en instalaciones, tal vez demasiado crudas y pobres (si se compara con la oferta de museos de la ciudad) ya que solo cuenta con una sala de exposición permanente y dos adicionales para exposiciones temporales. Aun así, el contenido de la sala principal es la razón por la cual decidí escribir estas lineas.

La sala principal recibe al visitante con una prohibición tajante a tomar fotos. Estando adentro comprendí que la muestra no es para ser fotografiada sino para identificarse. Puede que no sea parte de mi política de vida expresar abierta y deliberadamente mis tendencias, pero despues de la experiencia en el Schwules, solo puedo sentir admiración por las personas que durante la 2ª guerra mundial o desde muchas décadas antes buscaban espacios para expresar sus emociones corriendo el riesgo de perder su libertad o ser asesinados o por aquellos que han luchado por demostrar que ser gay no es una enfermedad sino un estilo de vida.

Y para mi sorpresa, que soy un desentendido del fútbol, en ocasión al mundial femenino en Berlín, la exposición temporal presentaba un particular mensaje sobre las mujeres en este deporte y aquellos hombres que como yo, somos tan poco instruídos cuando se trata del tema. Un balón con vagina y un vestido inspirado en los colores distintivos de la pelota del deporte más famoso de este planeta se pueden observar en el par de fotos que tomé cuando recordé que el aviso que hablaba sobre la prohibición de fotografías no estaba en español… así que ante mis limitaciones de idioma, les comparto las fotos que quedaron de mi visita.

Cuando esté en Berlin, sea usted apreciado lector gay o no, tómese el tiempo de visitar el Schwules Museum. Si es gay, saldrá convencido que todavía hay mucho por recorrer… si usted no lo es, estoy seguro que como mínimo entenderá por qué entre los símbolos de la cultura gay, la bandera colorida que refleja tanta felicidad es el símbolo escogido por aquella comunidad rechazada, perseguida y malentendida que apenas empieza a exigir su espacio en el “mundo moderno”.

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Fecha: julio 12th, 2011
Categorías: Arte, Viajes
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